Muchos habéis oído hablar de la inteligencia emocional, la gestión de emociones, la regulación emocional, manejo emocional y otras parecidas. ¿Realmente de qué estamos hablando? ¿Gestión, regulación, manejo, experimentar, etc., forman parte de lo mismo o estamos hablando de cosas distintas?

En efecto, parece que estamos hablando de cosas distintas, sí regular, experimentar o gestionar las emociones son términos que parece que están haciendo referencia a diferentes momentos cuando una persona se emociona ante determinados estímulos, sean situaciones, seres vivos u objetos estéticos (arquitectura, obras artísticas, poemas, libros, obras pictóricas, música), esto quiere decir que manejar implica gestionar o regular o experimentarlas. Todo parece indicar que sí, que el manejo implica desde que experimentamos hasta regular o gestionar las emociones. O ¿es gestionar lo que implica el manejo la regulación y la vivencia emocional?  A veces, nos podemos liar en estos conceptos que son sinónimos.

Por eso, creemos oportuno definir bien lo que es la inteligencia emocional, este concepto que para muchos lleva de moda unos cuantos años, quizás lo que no se sabe es que las primeras definiciones del término aparecieron a lo largo del Siglo XX, aunque la primera definición más actual no apareció hasta 1990, de dos profesores de universidad, John Mayer y Peter Salovey, antes de que en 1995, Daniel Goleman la hiciera más popular.

Mayer, DiPaolo y Salovey (1990) empezaron definiendo la inteligencia emocional del siguiente modo “habilidad para supervisar y entender los sentimientos  y las emociones propias y las de los demás, discriminar entre ellos y usar esta información para guiar el pensamiento y las acciones de uno” como vieron que era una definición incompleta, vieron que una solución era describir la inteligencia emocional como “la habilidad para percibir, valorar y expresar la emoción adecuada y adaptativamente; la habilidad para comprender la emoción y el conocimiento emocional; la habilidad para acceder y/o generar sentimientos que faciliten las actividades cognitivas y la acción adaptativa; y, la habilidad para regular las emociones en uno mismo y en otros” (Mayer y Salovey, 1997; Mayer, Salovey y Caruso, 2000).

Según Goleman (1995), la inteligencia emocional sería “la habilidad de comprender y manejar nuestras emociones y las de quienes nos rodean, en la forma más conveniente y satisfactoria”. En el año 1998, Goleman desarrolló su teoría dando importancia a la empatía y a otros aspectos más relacionados con las habilidades sociales y las actitudes que con la inteligencia, de hecho se puede considerar que lo que Goleman llamó inteligencia emocional intrapersonal es muy parecida a lo que se suele entender por autoestima y la inteligencia emocional intrapersonal que sería lo que otros autores denominan la inteligencia emocional propiamente dicha. 

Enlazando esto con el primer párrafo, con manejo, gestión, regulación, etc., de las emociones, vamos a comentar qué es cada una de estos conceptos:

  • El manejo de emociones empieza con la capacidad de reconocer los sentimientos y pensamientos propios, teniendo la sensibilidad y la empatía para identificar los ajenos y de esa manera dirigirlos y expresarlos sanamente.
  • La gestión emocional nos ayuda a entender que no somos agentes pasivos ante nuestros propios estados emocionales sino que siempre tenemos la actitud de hacer algo al respecto cuando nos sentimos de un modo determinado. Por tanto muy relacionada con la inteligencia emocional.
  • Experimentar las emociones como su nombre indica consiste en vivenciar esos estados emocionales que a un individuo les genera ciertos estímulos y/o situaciones. 
  • La regulación emocional es la capacidad para manejar las emociones de forma apropiada. Supone tomar conciencia de la relación entre emoción, cognición y comportamiento; tener buenas estrategias de afrontamiento; capacidad para autogenerarse emociones positivas, etc.

Como podéis observar, quitando experimentar las emociones que es vivenciarlas, el resto de estos conceptos como manejo, gestión o regulación son conceptos muy relacionados con la definición de inteligencia emocional, hasta tal punto que a nivel práctico, no hay apenas distinción entre ambos.

Considerando que la IE de una persona determina su logro emocional, entendiendo ese logro como el aprendizaje que una persona ha alcanzado sobre la emoción o sobre la información relacionada con las emociones, y la inteligencia, sea académica o emocional, equivale a aptitud (Anastasi, 1988); en base a todo esto, se considera que competencia e inteligencia son términos equivalentes y que por tanto en el ámbito de la educación y la formación se prefiere hablar de competencias emocionales en vez de inteligencia (Saarni, 1988), poniendo el foco en el conocimiento y destrezas que el individuo puede alcanzar para funcionar de la manera más adecuada en diferentes situaciones o contextos.  

Por tanto, a modo de conclusión, las formaciones basadas en las competencias emocionales están dirigidas a que se trabaje desde dinámicas grupales, o desde el método vivencial que se crea oportuno, facilitar aquellos recursos o destrezas que potencien nuestra inteligencia emocional, o en otras palabras aquellas capacidades que potencien nuestra regulación, manejo o gestión emocional que nos permita usar las emociones a nuestro favor y en nuestras relaciones con los demás de la manera más adecuada.  Como ya dije en otra entrada, a mayor conocimiento emocional que poseamos, también mayor posibilidad de desarrollar lo más posible el crecimiento emocional y personal.

Espero tus comentarios, me encantará leerte…

Saludos, besis y abrazos!!

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